Niños (de 10 a 12 años)
Ellos ya vienen con la capacidad de juego, tal como esponjas, vienen a jugar, sin prejuicios, ni estructuras para relacionarse. Nuestra tarea con ellos estará basada en la utilización de diferentes técnicas: observación, contrentración y relajación; que les facilitarán la concreción de logros en los diferentes trabajos a realizar.
Adolescentes (de 13 a 15 años, y de 16 a 20 años)
Ambos grupos trabajarán a partir de la utilización de sus propias herramientas, es decir: su cuerpo, voz, gesto; como así también la incorporación del espacio como medio de interacción con el otro, y en función del desarrollo de su propia expresividad.
Los elementos mencionados se irán articulando a través del trabajo de improvisaciones. Estructura dramática, unidad de opuestos, conflicto, línea de acción, circunstancias dadas y objetivos a alcanzar.
Adultos (a partir de 21 años)
Los grupos de trabajo serán conformados de acuerdo a la experiencia adquirida por los alumnos.
Relajación, trabajo corporal, utilización del espacio, expresión vocal, como así también la observación, la atención y adaptación conformarán la base del entrenamiento actoral.
Un instrumento entrenado en todas estas áreas, permitirá abordar el trabajo de improvisación con mayor capacidad creativa y sentido de verdad escénica.
La complejidad de las improvisaciones permitirán agudizar la atención y concentración, permitiéndonos indagar aún más acerca de una zona más profunda de expresividad, que no será solo a través de la palabra, sino de todo el ser puesto en acción.
Es decir, descubrir la línea de pensamiento y las circunstancias previas que llevan al actor a expresar sus emociones y su accionar físico.
Trabajarán sobre la técnica de observación de personas y de animales para la composicón de personajes.
Monólogos de origen personal y literario.
Aproximación al texto. Aprender a descubrir el subtexto, y las diferentes maneras de abordar un mismo texto a partir de diversas intenciones.
El trabajo actoral requiere en su búsqueda permanente alcanzar un pensamiento alto, sentimiento hondo y un decir claro.